martes, 7 de abril de 2015

Día 2: Parque Inglés- El Bolsón

Me desperté a las 8:40. Tomé desayuno y preparé la mini mochila para el paseo del día. Me encontré con un gati guapetón al salir del camping y le tomé unas fotos.


Llegué a la oficina de Conaf, me registré con el guardaparque, me dio las indicaciones y pagué la entrada al Parque Radal Siete Tazas.



Cuando grande quiero ser guardaparque...pero con wifi.

Caminé unos 5 minutos al inicio del sendero a El Bolsón y partí a las 9:50. El camino está muy bien señalizado. Cada 2 kilómetros está marcado, y además el sendero está dividido en 4 tramos que indican cuantas horas faltan para llegar, partiendo en las 4.


El  sendero es bien lindo, al principio se camina por un bosque que deja pasar rayitos de sol y escuchar pajaritos. Por más que estuve atenta, tampoco pude ver animales esta vez, sólo lagartijas y hormigas gigantes. En la tercera parte del tramo el paisaje cambia a matorral y se encuentra 1 de los 2 riachuelos dentro del sendero.



Al llegar al cartel que dice que falta sólo 1 hora, me sent a descansar y a comer tonteritas. Creo haberme encontrado con unas 6 personas más con suerte, todas en dirección a El Bolsón.




La última parte del trekking es del terror. La pendiente es grande, como para usar bastones. Finalmente son 11.2 km aprox hasta el refugio El Bolsón, con el fondo del Colmillo del Diablo. Como ya había visto fotos, el paisaje no me desilusionó, sabía a lo que iba y que no me enamoraría. No era una buena recompensa a mi parecer, pero estaba conforme con la satisfacción de haber llegado.




Me fui a sentar a la orilla del río y miré la hora. Para mi sorpresa me demoré 3 horas en vez de 4: 45 minutos por tramo señalado como 1 hora.



Estuve un poco más de 1 hora. De vuelta me encontré con varias personas mal. El sol pegaba fuerte para hacer la subida. Me demoré 2 horas y media en bajar.

Regresé a la oficina del guardaparque a reportarme como viva y caminé a la carpa. Saqué unas galletas, una cerveza y fui a la orilla del río.

lunes, 6 de abril de 2015

Día 1: Santiago - Parque Inglés

Desperté a las 5:30 am: todo mal.

Mi bus salía a las 6:10 del terminal Tur Bus Alameda, por lo que pensé que mejor me quedaba en Santiago estudiando este fin de semana largo.

¡Pero no! ya estaba dicho y debía hacerse.

Me levanté como pude y pedí un taxi. Le dije al chofer que me llevara a un cajero automático y luego al terminal. Fue todo muy rápido, pero igual no más llegué 3 minutos tarde y el bus ya no estaba.

Tomé la mochila y me fui al terminal grande. Compré un nuevo pasaje por $100 más que mi compra súper anticipada de Turbus y me fui a Curicó.

En Curicó, aproveché de comprar pasaje de vuelta a Santiago para el Lunes en la madrugada, y tomé el minibus a Molina.

Estoy casi segura de que leí que el minibus terminaba el recorrido en el mismo lugar donde en Molina salía el bus hacia las 7 de Tazas. Error. Llegué a la parada y nada. El chofer me dijo que debía ir al "terminal", y que él iba a hacer el recorrido de nuevo inmediatamente, así que me dejaría en el lugar correcto. Bagán.

Se le olvidó, maldita sea.

Estuve tanto rato en ese minibus que a pesar de haber llegado con 2 horas de más a Curicó, estaba atrasada para tomar el bus de las 12:30 a las Siete Tazas. Definitivamente debí quedarme estudiando, pensé. Tomé una micro de vuelta y finalmente llegué al terminal...tarde. Para mi suerte, habían puesto 2 salidas más de buses, así que sólo debía esperar hasta las 3 en vez de las 5.
Dejé mi mochila en el local y fui a recorrer la plaza de Molina. Hablé por teléfono con Peter y me recomendó 2 lugares para comer. Encontré uno; una sandwichería absolutamente vacía. Seguí en busca del segundo, "Dinocompleto" y me encontré con un grupo de 40 personas aprox. afuera de una pescadería. Recordé que era Semana Santa... por eso la sandwichería vacía. Seguí caminando y llegué a Dikos, un local de comida como lo que buscaba. Pedí la pizza chilena individual que traía carne de vacuno, aceituna, tomate y no me acuerdo. El tamaño individual era un poco más pequeño que la mediana de Telepizza, de hecho, la pizza se salía de la tablita de madera en la que venía servida. Hermoso. No me la pude terminar, creo que dejé un tercio... no sé por qué tanto.





Paseé nuevamente por la plaza de armas (nada que hacer en Molina) y caminé al bus. Me subí y a los minutos partimos al Parque Inglés.

A mi lado se subió un chiquillo de Curicó que iba con sus amigos a Bolsón y luego a la Laguna de las Ánimas. El viaje duró eternas 2 horas y cuando nos bajamos, me invitó a ir con ellos a acampar esa misma noche a Bolsón.  Que no, que buena ya, no, mejor no. Estaba demasiado cargada para hacer un trekking de 4 horas. Mi idea era acampar en Parque Inglés y desde ahí hacer el trekking por el día a El Bolsón.

Me despedí del grupo, tomé mis cosas y me fui a uno de los campings que hay en Parque Inglés. Escogí el último, Las Vertientes. Le escuché decir a alguien que era el mejor, que costaba un poco más caro y que era el más alejado, lo que me hizo suponer que sería el dúper.

Error. Difícil encontrar sitio plano, baños y lavaplatos alejados y horribles, sin luz y sin agua caliente. Lo bueno: el río que pasaba. Armé la carpa y bajé a mirarlo.



Sol, piedras, agua muy helada: tarde bagán.





Fui a comprar pan amasado y tomé once en la carpa. Estudié cálculo y me dormí temprano. Noche fria. Noche cordillerana. Mente incómoda.




lunes, 2 de marzo de 2015

Día 11: Puerto Montt- Santiago/Fin de viaje

Me levanté y se puso a llover. Por fin podía justificar mi ropa impermeable y creer que se aminorarían los focos de incendio.

Fui feliz de salir de esa residencial. Llevé mis cosas al terminal y aproveché de comprar el pasaje al aeropuerto. Caminé bajo la lluvia hasta Angelmó, hace meses que no sentía llover.

Vi artesanía para comprar regalines, pero habían pocas cosas interesantes.

Me devolví al centro a imprimir mi ticket de embarque, caminé por la costanera y volví al terminal. Me junté con Leins que andaba por estos lados también y fuimos nuevamente a Angelmó a comer ceviche de salmón y a tomar unos vituperios.

Con Leins en Angelmó


Tomé el bus al aeropuerto y esperé mi vuelo feliz.

Termino este viaje con la felicidad de volar nuevamente. Fue mi primer viaje sola y creo que es tan bueno y gratificante como hacerlo acompañada. 

Hubiese querido recorrer más lugares alejados, bañarme en más lagos, recorrer más senderos, pero decidí viajar más veces por año y hacer este viaje más corto.

Y aquí estoy nuevamente, feliz de estar en Santiago, porque me encanta la ciudad, me encanta su ruido, su gente apurada, sus parques y sus edificios, los amigos, mi familia, mi gato y el olor a detergente en la ropa.

Almuerzo en Angelmó: tickeado
Volver a casa: doble ticket

domingo, 1 de marzo de 2015

Día 10: Ancud- Isla Cochinos- Puerto Montt

Salimos del hostal y dejamos las mochilas en la custodia del terminal. Nos compramos una tortilla de papa con queso nivel dióh y bajamos al puerto. 

Tomamos un tour a Isla Cochinos, lugar muy cercano a Ancud que debe su nombre a que ahí criaban cerdos, no por sucia. 

Pudimos ver pájaros muy lindos que parecían pingüinos, 2 grupos de lobitos de mar y una medusa gigante. No tenía expectativas muy altas, pero resultó ser un muy buen paseo. 

Recorrimos la costanera y nos quedamos en un restaurante a tomar café y comer los peores kuchen y pie de limón de la vida.

Caminamos y nos sentamos en la plaza de armas, y después fuimos a mirar lo poco y nada que estaba abierto en Ancud.

Caro se fue a Castro y yo esperé un rato más mi bus a Puerto Montt. 

Caminé al hostal que había escogido. Cuando iba llegando vi un ratón correr y arruinar mi llegada a Puerto Montt. El hostal resultó estar cerrado y con todas las luces apagadas, así que me metí rápidamente a la residencial del frente antes de que el ratón me aplastara y devorara.

Resultó que llegué al lugar más horrible en el que he estado, pero de ningún modo saldría nuevamente. Saqué mi saco de la mochila para no dormir dentro de la cama y me encerré. Ya no me gusta Puerto Montt :c 

Día no programado: Sin tickets y un ratón.


Día 9: Ancud- Puñihuil- Ancud

Salimos un poco antes de mediodía al café del frente a tomar desayuno. Recorrimos un rato el centro, compramos unas cosas y volvimos al hostal. A los pocos minutos nos pasaron a buscar para hacer el tour a las Pinguineras de Puñihuil.

Iba una pareja de gringos, una de chilenos y una japonesa o algo parecido. Nos bajamos en 2 miradores antes de llegar. Ya en Puñihuil, nos registramos y pusimos los chalecos salvavidas. Nos subimos a un carrito con ruedas junto a un grupo de españoles y nos acercaron hasta la lancha.

Mirador antes de llegar a Puñihuil

Caro





Puñihuil es donde todos los veranos se juntan los pinguinos de Humboldt con los magallánicos, cosa que no pasa en ningún otro lugar. Esto ocurre por la convergencia de las corrientes que los lleva a permanecer un rato en Puñihuil. 

Islotes de Puñihuil

Pingüi



Encuentre al chungungo

Chungungo




Vimos alrededor de 20 pingüinos, 3 chungungos y varias aves lindas. Ah! También vimos a un oso. El oso, o La Piedra del Oso, es una roca formada como tal luego del terremoto de Valdivia.

Al fondo, La Piedra del Oso



Pareciera ser que el terremoto de Valdivia también es el "terremoto de Ancud". El señor a cargo del tour en la navegación nos contó que el maremoto de esa vez llegó a la catedral, arrasando con la mitad de la ciudad, y es por eso que ahora no hay palafitos en Ancud.

El paseo en lancha duró alrededor de media hora. Teníamos 40 minutos más para estar ahí, así que fuimos a un sendero privado que está a un costado a ver dos miradores de  Puñihuil. La vista era muy linda. La verdad es que pensé que Puñihuil era feo, pero los islotes le dan toda la belleza al paisaje.

Puñihuil

Puñihuil


De vuelta en Ancud salimos a almorzar al mismo local donde habíamos estado la noche anterior. Nos atendió la niña que bailó y cantó arriba de la barra. Comimos pizza y tomamos jugo muy rico. 

Pasamos a buscar mi cámara y paseamos. Estuvimos en el fuerte Polvorín y San Antonio (muy lindo), en la Playa Arena Gruesa, en la costanera y en la plaza de armas.

Con el favorito, Ten Ten Vilu, Plaza de armas

Fuerte Polvorín

Cara de circunstancia


Fuerte de San Antonio, Ancud


 Subimos al hostal a ver tele, revisar fotos y a las 22:00 ya estábamos acostadas.

Pingüineras de Puñihuil: tickeado

sábado, 28 de febrero de 2015

Día 8: Frutillar- Puerto Octay- Ancud

Frutillar parecía de día Domingo. No andaba nadie más que un par de personas en la playa. Llegué a esperar la micro a Puerto Octay a las 10:05. No pasaba, no pasaba, no pasaba.

Pensé en devolverme al camping, pero tenía que terminar el Circuito Llanquihue, al menos visitando los lugares más grandes entorno al lago.

Estuve ahí por hora y media cuando empezaron a llegar más personas a esperarla. Parecía ser que todos sabían que la micro pasaba a las 12, menos yo. La micro pasó finalmente a las 12:12.

El camino a Puerto Octay es como sacado de La Pequeña Casa en la Pradera, con varias iglesias lindas a la orilla del camino, pero el lago escondido. Cuando llegamos al mini terminal de Puerto Octay le pregunté al chofer a qué hora salían las micros de regreso. Me dijo que a las 13:30, 16:00 y 18:00,  miré la hora y eran las 12:48. 

Bajé a la playa pero no había playa, fui hasta el otro costado a ver si había una bajada al lago, pero nada. Entonces empecé a pensar en qué haría hasta las 4 de la tarde metida ahí. De seguro no estaba buscando bien.

Puerto Octay

Me devolví al terminal y detrás de él estaba la plaza de armas. Hermosa y bien cuidada. En una de las esquinas estaba la Quesería Octay, empresa símbolo del pueblo. Eché una mirada rápida a ver si encontraba más lugares para visitar, pero nada. Saqué unas fotos rápidas a la plaza y decidí que no podía quedarme ahí, y que tomaría el bus de las 13:30. Había cumplido la misión.

Plaza de Armas de Puerto Octay


Le compré una empanada a una señora del kiosko (nivel dióh) y tome la micro de vuelta. 

Llegué a Frutillar a desarmar la carpa. Esa noche debía estar en Ancud y mientras esperé la famosa micro a Puerto Octay, había leído que los incendios forestales entre Puerto Montt y Pargua estaban reduciendo la visibilidad heavymente y provocando choques múltiples. Hablé con Caro por lo mismo; el panorama era incierto. La misión era llegar a Puerto Montt y ver que me decían. 

Tomé la micro y desde el tramo Puerto Varas- Puerto Montt vi al menos 4 focos de incendios, pero en Puerto Montt tomé pasaje sin problema. 

Llegué a Ancud a las 20:00 hr, dejé mi mochila en custodia y di una vuelta por el centro. En la plaza de armas estaba todo el mundo. Pasé a conocer la catedral por dentro. Es muy distinta al resto de las iglesias de la isla. En un costado habían fotos de la antigua catedral, sus transiciones y el edificio actual. Antes del terremoto de Valdivia, la catedral era hermosa, hermosa, HERMOSA, pero la demolieron porque los daños fueron muy grandes. 


Compré papas fritas y me devolví al terminal. Al poco rato llegó Caro desde Castro.

Dejamos las cosas en el hostal y salimos a comer y tomar michelada. Esa noche era la noche caleuchana. Entramos al local que estaba al lado del escenario, pero cuando salimos de ahí ya no quedaba nada. 

Buscamos otro bar y llegamos a uno donde había karaoke. Una semi señora se puso a bailar y cantar sobre la barra mientras nosotras tomábamos nuestras piñas coladas.

Circuito Lago Llanquihue, Puerto Octay: tickeado

Carretear en Ancud: tickeado

jueves, 26 de febrero de 2015

Día 7: Puerto Varas- Frutillar.

Desperté temprano y me comí parte de la torta del Café Danés, el resto lo boté. Gané el primer puesto de la ducha y me fui a Frutillar. Me bajé justo antes del Teatro del Lago y seguí caminando por la costanera en busca del camping. Viéndome perdida, volví hasta donde había visto un letrero que decía camping a 700 metros, y caminé por la calle perpendicular. Encontré la virgen de referencia, así que entendí que el letrero estaba mal puesto y que los 700 metros eran hacia arriba y no por la costanera. Luego empezó una subida infernal con la mochila puesta. Llegué arriba como subiendo el Chaitén, y luego del potrero de vaquitas estaba el camping. Armé la carpa, almorcé y bajé al lago.






Me senté en una roca a mojarme los pies junto a las gaviotas y unos caracoles nadadores, y fui muy feliz.



Le eché una mirada al Teatro del Lago y pregunté si es que había algún espectáculo en el día para poder conocerlo por dentro. No había hasta el domingo, pero harían una visita guiada media hora después. Compré la visita y aproveché de ir por un barquillo donde todos van por barquillos: un lugar mini al lado de la iglesia Luterana (muy linda) que está casi al frente del teatro. La cantidad de helado es impresionante. Estuve a punto de decirle que no le echara más.

Teatro del Lago

Teatro del Lago


Me tomé el helado rápido y volví al teatro. Era la única en la visita, pero cuando recién habíamos comenzado se sumó una señora bonaerense. Tuvimos la suerte de encontrarnos con un grupo de músicos alemanes ensayando en el anfiteatro. Fue muy lindo escuchar y ver cómo tocaban.

Ensayo en Anfiteatro de Teatro del Lago


Recorrimos hartos sectores, hasta un camarín, y al final conocimos la sala principal. Nos contaba la encargada del tour que uno puede comprar butacas del teatro. Algo así como lo que pasa en el Municipal de Santiago, pero no anual, sino que por toda la vida, por lo que cada una tiene una ranura para poner la placa con el nombre de la persona. Yo no vi ninguna, pero hay compradas alrededor de 80 butacas.


Escenario central


Después de salir de ahí muy feliz, recorrí la costanera, que está llena de casas bellas y cafés donde comer kuchen. Creo sinceramente que deberíamos quemar Frutillar alto y hacer del pueblo algo más pequeño y recorrible.


Circuito Lago Llanquihue, Frutillar: tickeado