sábado, 27 de febrero de 2016

Día 1 Santiago- Castro

Dormí dos horas y desperté asustada. Marcelo me fue a dejar al aeropuerto y llegué con un poco de tiempo de sobra.

Primera vez que viajo en Lan y estuve muerta de hambre todo el viaje porque no alcancé a desayunar. Escogí una barra (?) dulce y unas masas con sabor a sal (y aire) sin amor y un café. Ah! Y 1 caluga, sí, 1 caluga bien miserable. Extrañé el charquicán y el arroz con pollo que tenía Sky, antes de la mala idea de que fuera low cost.

Me vine conversando con mi compañero de asiento; un señor de unos setenta y hartos años que venía viajando con su esposa desde Villa Alemana. Me dijo que era canuto y que ahora podría tener un amigo de aquellos. Me dio chocolate y me pidió que sacara algunas fotos desde mi ventana. Su esposa me mostró la foto de su nieto.
Nuestra escala lluviosa en Puerto Montt fue súper fome: se alargó media hora y llegue a Mocopulli a las 14:00.



Vieeentoo fresco c: de Chiloé

El aeródromo de Mocopulli es bien bonito y pequeño. Cuando llegué ahí, Caro me estaba esperando. Nos fuimos a su casa en Castro, donde estaba Fabiola preparando zapallos italianos rellenos. Llegó el vecino, que estaba invitado, así que almorzamos los 4.

Tomamos siesta y nos levantamos para ir a ver un show en la plaza de Castro las 3. Cuando llegamos estaban haciendo la prueba de sonido de Pascuala Ilabaca, a quien Caro quería escuchar. Antes de que empezara oficialmente, aprovechamos de ir a tomar once. 

Estábamos en eso cuando llegó a juntarse con nosotras Muriel, una ex compañera de media que no veíamos hacía años luz. Regresamos de noche -y frío- a ver, escuchar y bailar la presentación de Pascuala, que estuvo harto güena. Nunca la había escuchado y me gustó.

Terminando, Muriel se fue y nosotras con Caro y Fabiola fuimos a un local bien bonito, peque y chori a unas pocas cuadras. Uno de los bartenders me reconoció, ya que él también había estudiado en Utem 390, arquitectura. Pero yo nunca lo había visto, como pasaba con todos los estudiantes de su carrera, que eran un mito en la u. 
Comimos, tomamos y nos fuimos en horario de "niñas bien" a la casa.

sábado, 11 de abril de 2015

Día 3: Siete Tazas, Salto de la Leona-Curicó

Hoy era el día en que debía conocer el sector más turístico del Parque, así que caminé 35 minutos hasta la entrada de las Siete Tazas. 

La guardaparque estaba sentada afuera de la caseta haciendo nada. Pagué $2.000 y pasé al principio del recorrido: Puente Frutillar. 

Puente Frutillar es un puente vehicular desde donde se puede ver una súper duper mini cascada, igual de bonita que las Siete Tazas, pero versión individual.



Seguí caminando guiada por el mapa que me dieron en la entrada. Estaba en eso cuando aparece una pollito; morí de susto, pero me armé de valor y saqué la foto.


Después del impasse, llegué al mirador de las Siete Tazas, aunque creo que conté 8 (?)

Saqué puras fotos malas

El camino, si bien tiene barandas y algunos escalones, es muy poco accesible para personas con problemas de movilidad, o sea, ni por si acaso es un paseo para ir con la abuelita, a diferencia de Laguna Verde, Saltos del Petrohué y Ojos del Caburgua.

Al final del recorrido está el mirador Salto de la Leona. La misión es llegar hasta la base del salto, y para eso, hay una bajada de unos 10 minutos, casi sin descanso.






El agua es muuuy helada, pero no falta quien se baña igual para la foto. Estuve ahí media hora.
La subida fue del terror.

Me devolví al camping a hacer la mochila. Hice fideos y me los comí sentada en una piedra.


A esa hora el camping estaba practicamente vacío. Desarmé la carpa y fui al bus, y después de 2 horas llegué a Molina. Tomé el minibus a Curicó y dormí ahí esa noche. Retorno a Santiago. Fin de viaje.

martes, 7 de abril de 2015

Día 2: Parque Inglés- El Bolsón

Me desperté a las 8:40. Tomé desayuno y preparé la mini mochila para el paseo del día. Me encontré con un gati guapetón al salir del camping y le tomé unas fotos.


Llegué a la oficina de Conaf, me registré con el guardaparque, me dio las indicaciones y pagué la entrada al Parque Radal Siete Tazas.



Cuando grande quiero ser guardaparque...pero con wifi.

Caminé unos 5 minutos al inicio del sendero a El Bolsón y partí a las 9:50. El camino está muy bien señalizado. Cada 2 kilómetros está marcado, y además el sendero está dividido en 4 tramos que indican cuantas horas faltan para llegar, partiendo en las 4.


El  sendero es bien lindo, al principio se camina por un bosque que deja pasar rayitos de sol y escuchar pajaritos. Por más que estuve atenta, tampoco pude ver animales esta vez, sólo lagartijas y hormigas gigantes. En la tercera parte del tramo el paisaje cambia a matorral y se encuentra 1 de los 2 riachuelos dentro del sendero.



Al llegar al cartel que dice que falta sólo 1 hora, me sent a descansar y a comer tonteritas. Creo haberme encontrado con unas 6 personas más con suerte, todas en dirección a El Bolsón.




La última parte del trekking es del terror. La pendiente es grande, como para usar bastones. Finalmente son 11.2 km aprox hasta el refugio El Bolsón, con el fondo del Colmillo del Diablo. Como ya había visto fotos, el paisaje no me desilusionó, sabía a lo que iba y que no me enamoraría. No era una buena recompensa a mi parecer, pero estaba conforme con la satisfacción de haber llegado.




Me fui a sentar a la orilla del río y miré la hora. Para mi sorpresa me demoré 3 horas en vez de 4: 45 minutos por tramo señalado como 1 hora.



Estuve un poco más de 1 hora. De vuelta me encontré con varias personas mal. El sol pegaba fuerte para hacer la subida. Me demoré 2 horas y media en bajar.

Regresé a la oficina del guardaparque a reportarme como viva y caminé a la carpa. Saqué unas galletas, una cerveza y fui a la orilla del río.

lunes, 6 de abril de 2015

Día 1: Santiago - Parque Inglés

Desperté a las 5:30 am: todo mal.

Mi bus salía a las 6:10 del terminal Tur Bus Alameda, por lo que pensé que mejor me quedaba en Santiago estudiando este fin de semana largo.

¡Pero no! ya estaba dicho y debía hacerse.

Me levanté como pude y pedí un taxi. Le dije al chofer que me llevara a un cajero automático y luego al terminal. Fue todo muy rápido, pero igual no más llegué 3 minutos tarde y el bus ya no estaba.

Tomé la mochila y me fui al terminal grande. Compré un nuevo pasaje por $100 más que mi compra súper anticipada de Turbus y me fui a Curicó.

En Curicó, aproveché de comprar pasaje de vuelta a Santiago para el Lunes en la madrugada, y tomé el minibus a Molina.

Estoy casi segura de que leí que el minibus terminaba el recorrido en el mismo lugar donde en Molina salía el bus hacia las 7 de Tazas. Error. Llegué a la parada y nada. El chofer me dijo que debía ir al "terminal", y que él iba a hacer el recorrido de nuevo inmediatamente, así que me dejaría en el lugar correcto. Bagán.

Se le olvidó, maldita sea.

Estuve tanto rato en ese minibus que a pesar de haber llegado con 2 horas de más a Curicó, estaba atrasada para tomar el bus de las 12:30 a las Siete Tazas. Definitivamente debí quedarme estudiando, pensé. Tomé una micro de vuelta y finalmente llegué al terminal...tarde. Para mi suerte, habían puesto 2 salidas más de buses, así que sólo debía esperar hasta las 3 en vez de las 5.
Dejé mi mochila en el local y fui a recorrer la plaza de Molina. Hablé por teléfono con Peter y me recomendó 2 lugares para comer. Encontré uno; una sandwichería absolutamente vacía. Seguí en busca del segundo, "Dinocompleto" y me encontré con un grupo de 40 personas aprox. afuera de una pescadería. Recordé que era Semana Santa... por eso la sandwichería vacía. Seguí caminando y llegué a Dikos, un local de comida como lo que buscaba. Pedí la pizza chilena individual que traía carne de vacuno, aceituna, tomate y no me acuerdo. El tamaño individual era un poco más pequeño que la mediana de Telepizza, de hecho, la pizza se salía de la tablita de madera en la que venía servida. Hermoso. No me la pude terminar, creo que dejé un tercio... no sé por qué tanto.





Paseé nuevamente por la plaza de armas (nada que hacer en Molina) y caminé al bus. Me subí y a los minutos partimos al Parque Inglés.

A mi lado se subió un chiquillo de Curicó que iba con sus amigos a Bolsón y luego a la Laguna de las Ánimas. El viaje duró eternas 2 horas y cuando nos bajamos, me invitó a ir con ellos a acampar esa misma noche a Bolsón.  Que no, que buena ya, no, mejor no. Estaba demasiado cargada para hacer un trekking de 4 horas. Mi idea era acampar en Parque Inglés y desde ahí hacer el trekking por el día a El Bolsón.

Me despedí del grupo, tomé mis cosas y me fui a uno de los campings que hay en Parque Inglés. Escogí el último, Las Vertientes. Le escuché decir a alguien que era el mejor, que costaba un poco más caro y que era el más alejado, lo que me hizo suponer que sería el dúper.

Error. Difícil encontrar sitio plano, baños y lavaplatos alejados y horribles, sin luz y sin agua caliente. Lo bueno: el río que pasaba. Armé la carpa y bajé a mirarlo.



Sol, piedras, agua muy helada: tarde bagán.





Fui a comprar pan amasado y tomé once en la carpa. Estudié cálculo y me dormí temprano. Noche fria. Noche cordillerana. Mente incómoda.




lunes, 2 de marzo de 2015

Día 11: Puerto Montt- Santiago/Fin de viaje

Me levanté y se puso a llover. Por fin podía justificar mi ropa impermeable y creer que se aminorarían los focos de incendio.

Fui feliz de salir de esa residencial. Llevé mis cosas al terminal y aproveché de comprar el pasaje al aeropuerto. Caminé bajo la lluvia hasta Angelmó, hace meses que no sentía llover.

Vi artesanía para comprar regalines, pero habían pocas cosas interesantes.

Me devolví al centro a imprimir mi ticket de embarque, caminé por la costanera y volví al terminal. Me junté con Leins que andaba por estos lados también y fuimos nuevamente a Angelmó a comer ceviche de salmón y a tomar unos vituperios.

Con Leins en Angelmó


Tomé el bus al aeropuerto y esperé mi vuelo feliz.

Termino este viaje con la felicidad de volar nuevamente. Fue mi primer viaje sola y creo que es tan bueno y gratificante como hacerlo acompañada. 

Hubiese querido recorrer más lugares alejados, bañarme en más lagos, recorrer más senderos, pero decidí viajar más veces por año y hacer este viaje más corto.

Y aquí estoy nuevamente, feliz de estar en Santiago, porque me encanta la ciudad, me encanta su ruido, su gente apurada, sus parques y sus edificios, los amigos, mi familia, mi gato y el olor a detergente en la ropa.

Almuerzo en Angelmó: tickeado
Volver a casa: doble ticket

domingo, 1 de marzo de 2015

Día 10: Ancud- Isla Cochinos- Puerto Montt

Salimos del hostal y dejamos las mochilas en la custodia del terminal. Nos compramos una tortilla de papa con queso nivel dióh y bajamos al puerto. 

Tomamos un tour a Isla Cochinos, lugar muy cercano a Ancud que debe su nombre a que ahí criaban cerdos, no por sucia. 

Pudimos ver pájaros muy lindos que parecían pingüinos, 2 grupos de lobitos de mar y una medusa gigante. No tenía expectativas muy altas, pero resultó ser un muy buen paseo. 

Recorrimos la costanera y nos quedamos en un restaurante a tomar café y comer los peores kuchen y pie de limón de la vida.

Caminamos y nos sentamos en la plaza de armas, y después fuimos a mirar lo poco y nada que estaba abierto en Ancud.

Caro se fue a Castro y yo esperé un rato más mi bus a Puerto Montt. 

Caminé al hostal que había escogido. Cuando iba llegando vi un ratón correr y arruinar mi llegada a Puerto Montt. El hostal resultó estar cerrado y con todas las luces apagadas, así que me metí rápidamente a la residencial del frente antes de que el ratón me aplastara y devorara.

Resultó que llegué al lugar más horrible en el que he estado, pero de ningún modo saldría nuevamente. Saqué mi saco de la mochila para no dormir dentro de la cama y me encerré. Ya no me gusta Puerto Montt :c 

Día no programado: Sin tickets y un ratón.


Día 9: Ancud- Puñihuil- Ancud

Salimos un poco antes de mediodía al café del frente a tomar desayuno. Recorrimos un rato el centro, compramos unas cosas y volvimos al hostal. A los pocos minutos nos pasaron a buscar para hacer el tour a las Pinguineras de Puñihuil.

Iba una pareja de gringos, una de chilenos y una japonesa o algo parecido. Nos bajamos en 2 miradores antes de llegar. Ya en Puñihuil, nos registramos y pusimos los chalecos salvavidas. Nos subimos a un carrito con ruedas junto a un grupo de españoles y nos acercaron hasta la lancha.

Mirador antes de llegar a Puñihuil

Caro





Puñihuil es donde todos los veranos se juntan los pinguinos de Humboldt con los magallánicos, cosa que no pasa en ningún otro lugar. Esto ocurre por la convergencia de las corrientes que los lleva a permanecer un rato en Puñihuil. 

Islotes de Puñihuil

Pingüi



Encuentre al chungungo

Chungungo




Vimos alrededor de 20 pingüinos, 3 chungungos y varias aves lindas. Ah! También vimos a un oso. El oso, o La Piedra del Oso, es una roca formada como tal luego del terremoto de Valdivia.

Al fondo, La Piedra del Oso



Pareciera ser que el terremoto de Valdivia también es el "terremoto de Ancud". El señor a cargo del tour en la navegación nos contó que el maremoto de esa vez llegó a la catedral, arrasando con la mitad de la ciudad, y es por eso que ahora no hay palafitos en Ancud.

El paseo en lancha duró alrededor de media hora. Teníamos 40 minutos más para estar ahí, así que fuimos a un sendero privado que está a un costado a ver dos miradores de  Puñihuil. La vista era muy linda. La verdad es que pensé que Puñihuil era feo, pero los islotes le dan toda la belleza al paisaje.

Puñihuil

Puñihuil


De vuelta en Ancud salimos a almorzar al mismo local donde habíamos estado la noche anterior. Nos atendió la niña que bailó y cantó arriba de la barra. Comimos pizza y tomamos jugo muy rico. 

Pasamos a buscar mi cámara y paseamos. Estuvimos en el fuerte Polvorín y San Antonio (muy lindo), en la Playa Arena Gruesa, en la costanera y en la plaza de armas.

Con el favorito, Ten Ten Vilu, Plaza de armas

Fuerte Polvorín

Cara de circunstancia


Fuerte de San Antonio, Ancud


 Subimos al hostal a ver tele, revisar fotos y a las 22:00 ya estábamos acostadas.

Pingüineras de Puñihuil: tickeado